Jesuitas España

Jesuitas y Cine (II)*

Published: Mércores, 15 Setembro 2021

La presencia de jesuitas es abundante en el cine contemporáneo, pero casi nunca con intención de reflejar la espiritualidad ignaciana, sino más bien, como sacerdotes católicos cualificados para misiones difíciles o cuestiones controvertidas.

El propio fundador de la Compañía ha tenido dos biografías cinematográficas, aunque ninguna hace justicia a su peripecia vital. La primera, El capitán de Loyola (1948, José Días Morales), de la que lo más remarcable es la buena fotografía del alemán Pahle. La segunda, muy reciente, es obra del centro de producción audiovisual que la Compañía de Jesús tiene en Manila. Titulada Ignacio de Loyola (2016, Paula Dy y Cathy Azanza) se rodó, con presupuesto muy escaso, en algunos lugares ignacianos, con actores españoles en su inmensa mayoría.

San Francisco Javier sólo tuvo un conato de película en 1951 cuyo rodaje se paró por dificultades financieras. Tuvo mejor suerte el jesuita escritor Luis Coloma (1851-1914) pues tres de sus novelas más famosas pasaron al cine, la primera en la época muda (Boy, Pequeñeces y Jeromín).

En el cine de habla inglesa, francesa e italiana los films se dividen entre aquellos que hablan bien de los jesuitas y los que los hacen culpables de toda clase de maldades. Silencio (2016, Martin Scorsese) adopta una postura intermedia. Inspirada en la novela homónima de Shusaku Endo recuerda la disyuntiva que se planteó a misioneros y a cristianos cuando Japón quiso extirpar la religión católica que había florecido en comunidades de campesinos y pescadores humildes. Las alternativas eran apostasía o martirio cruento. La cinta plantea con crudeza ciertos interrogantes: el silencio de Dios, el sentido del sufrimiento y del mal en el mundo…

La Misión (1986, Roland Joffé), con guion del magnífico Robert Bolst sigue siendo la película que hace más justicia a la espiritualidad ignaciana encarnada en los compañeros de Jesús. Trata de sintetizar el comienzo y el final de las Reducciones del Paraguay y muestra las dos claves que han identificado a los jesuitas de la segunda mitad del siglo XX: la propagación de la fe y la implantación de la justicia de Dios ya este mundo. La música, obra del gran Ennio Morricone, se inspiraba en cantorales y misas musicales creadas en aquellas misiones.

Otra película de éxito en su día fue El Exorcista (1973, William Friedkin) donde el Padre Karras (jesuita) trata de expulsar al demonio que ha poseído a una adolescente. Y la lista continúa con títulos menos o más conocidos como: Las sandalias del pescador; Adiós, muchachos; Romero; El hombre de la máscara de hierro; El cuerpo; Amén… hasta reunir más de una veintena de películas. Y todo apunta a que la lista continuará, al menos este próximo otoño con una cinta de xxx sobre el asesinato de los mártires jesuitas de la UCA (El Salvador)

Mención aparte merecería la propia filmografía del papa Francisco donde se refleja con detenimiento su condición de jesuita.

*(texto resumen del artículo “Los compañeros de Jesús y el cine”, de Angel Pérez Gómez SJ, publicado en la revista Manresa, vol. 92, 2020, pp. 389-399)