Jesuitas España

La cerámica de los jesuitas en España*

Argitaratua: Astelehena, 22 Urtarrila 2024

El impacto en la cultura de nuestro país de la Compañía de Jesús también tiene sus vestigios en el campo de la cerámica. Así, los encontramos ejemplos, por una parte, en los zócalos de las paredes, pavimentos u otros espacios de sus edificios, donde junto a las decoraciones de tipo decorativo también se encuentra el anagrama la orden. Y, por otro lado, se conservan todavía unos cientos de piezas en relación con las boticas que pertenecieron a edificios de la Compañía.

Ejemplos de cerámica aplicada a edificios jesuitas encontramos en la colegiata de San Luis en Villagarcía de Campos (Valladolid). La azulejería se conserva en varios espacios de la Colegiata. En los brazos del crucero, atribuido al ceramista Hernando de Loayasa, que procedente de Talavera de la Reina se instaló en Valladolid, al menos entre 1583 y 1592. También la sacristía y la capilla del Noviciado conserva azulejería, algunos de los cuales también se atribuyen al ceramista vallisoletano Juan Lorenzo. Otros ejemplos son los de la iglesia de San Ignacio del colegio de la Compañía de Jesús en Valladolid o el antiguo colegio jesuita de Segorbe o el colegio jesuita de San Pablo de Valencia, hoy Instituto Luis Vives.

Además, muy significativa es la cerámica de las boticas de las casas jesuitas. La preparación de medicamentos (emplastes, jarabes, elixires) estaba en manos de personas letradas con preparación y conocimientos, basándose en los tratados de farmacopea y botánica, escritos en latín. Uno de los testimonios de aquella actividad son los recipientes cerámicos que se utilizaron en aquellas dependencias para contener productos vegetales, animales o minerales. En el caso de las boticas jesuíticas presentan todos ellos como centro de su decoración el emblema de la orden; las iniciales IHS, acompañadas algunas veces de tres clavos alusivos a la pasión de cristo, que en algún caso aparecen clavados sobre un corazón. En su mayor parte fueron encargados a los alfares de Talavera de la Reina (Toledo), siendo muy escasos los que se hicieron en Triana, Sevilla) o Alcora (Castellón), donde también se encargaron, aunque en escasa proporción.

Las formas de estas piezas son bien diferenciadas. Por un lado, los cántaros o jarrones para contener diferentes tipos de aguas destiladas con plantes o frutos y que servían como componente básico en muchas de las preparaciones. En segundo lugar, las Orzas, más o menos globulares, de cuello corto, generalmente sin asas que contenían emplastes o minerales en polvo. Y, en tercer lugar, los Botes, los más numerosos en las boticas, de forma cilíndrica con un leve estrechamiento en su cintura para facilitar su manejo con las manos.

El denominador común de la decoración de la cerámica farmacéutica jesuítica es el emblema de la orden. Las piezas más antiguas que conocemos pertenecen al siglo XVII. En la actualidad conocemos una veintena de modelos, pero la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 dificulta conocer a qué casas pertenecieron.

 

Texto basado en el artículo de Ángel Sánchez-Cabezudo y Abraham Rubio Celada publicado en el libro “Jesuitas. Impacto cultural en la monarquía Hispana (1540-1767). Vol. II”, dirigido por Henar Pizarro (Mensajero-Salterrae/Universidad Pontificia Comillas. 2022)

Fotografía: Botamen de la botica del Colegio de San Ignacio (jesuitas) en Valladolid, España. Cuando la expulsión de los jesuitas todo el material de la botica pasó al hospital de la Resurrección. Después de la desaparición de este hospital parte de los botes se guardaron en el museo de Valladolid.(© Nicolás Pérez)