Jesuitas España

Los jesuitas en Córdoba

Argitaratua: Igandea, 16 Abendua 2018

 

Córdoba fue la puerta de entrada de la Compañía a Andalucía. La sinergia entre la Compañía de Jesús, san Juan de Ávila, la II marquesa de Priego D.ª Catalina Fernández de Córdoba, su hijo jesuita “el padre don” Antonio de Córdoba, su pariente el deán D. Juan de Córdoba, y el Ayuntamiento hicieron posible que el primer colegio jesuita de Andalucía abriera sus puertas en noviembre de 1553, frente a la mezquita-catedral, en la casa que hoy es el restaurante El Bandolero. Por parte de la Compañía intervinieron el propio san Ignacio de Loyola, que envió desde Alcalá de Henares al P. Francisco Villanueva; su comisario Jerónimo Nadal; y san Francisco de Borja, pariente de la marquesa.

Las entidades locales apostaban por un grupo religioso nuevo y novedoso, interesadas en instaurar escuelas públicas gratuitas, con perspectiva de convertirse en universidad, y en la renovación espiritual que de ahí se posibilitaría para toda la población. Se trataba del Colegio de Santa Catalina, trasladado a su sede definitiva en 1555.

Su primer rector fue el P. Don Antonio siendo aún novicio. Este centro era uno de los más importantes de los jesuitas en Andalucía, con enseñanzas secundaria y superior de Filosofía y Teología, si bien al principio estuvo tachado de falta de limpieza de sangre. Aquí estudió Luis de Góngora, y, probablemente, también Miguel de Cervantes. A la sombra de este colegio, don Pedro López de Alba, por consejo de san Juan de Ávila, fundó el colegio de la Asunción para aspirantes pobres al sacerdocio, inaugurado en 1575.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el colegio de Santa Catalina no murió, sino que generó nueva vida y desde entonces sigue educando a jóvenes gracias a D. Francisco Javier Fernández de Córdoba, otro deán de la misma estirpe que el primero, que refundó unas escuelas que, tras distintas mutaciones, perviven hoy como el colegio concertado Reales Escuelas Pías de la Inmaculada Concepción y San Francisco Javier. La iglesia está convertida en sede de la parroquia San Salvador y Santo Domingo de Silos. Las propiedades fueron subastadas pero la hacienda mayor se transformó en una población agraria en la campiña sur cordobesa: San Sebastián de los Ballesteros.

El colegio de la Asunción no era propiedad de los jesuitas, que solo tenían confiada su gestión y dirección, y tampoco murió, pues hoy sigue siendo centro de formación como sede del instituto de Enseñanza Secundaria Luis de Góngora.

Restaurada la Compañía en 1814, el Obispo y el Ayuntamiento de Córdoba pidieron la vuelta de los jesuitas, que tuvo lugar en la antigua real colegiata de San Hipólito, cedida por el obispo D. Ceferino González a la Compañía en 1878. Es un resto del monasterio fundado por Alfonso XI en recuerdo de la batalla del Salado (1340) para albergar sus propios restos y los de su padre Fernando IV el Emplazado. Representa un buen nexo entre la antigua y la nueva etapa de los jesuitas en Córdoba, por la capilla de Santiago de la que eran patronos el tronco de Baena de los Fernández de Córdoba, por lo que su clausurada cripta conserva restos de algunos personajes como Diego Fernández de Córdoba (primer señor de Baena) y el hermano del Gran Capitán, D. Alonso de Aguilar.

En 1883 el superior de San Hipólito, P. Pascual Nieto, comenzó como prefecto espiritual del Seminario San Pelagio, pero fue mayor la colaboración en la postguerra cuando el obispo pidió en 1940 que los jesuitas se encargasen también de la docencia, además de la espiritualidad, y en esta labor de formación del clero cordobés continuaron hasta 1965. A las afueras de Córdoba, en las estribaciones de la sierra se puede divisar un gran edificio con una gran cruz (regalo del arquitecto) que motiva la malévola denominación de la cruz del escándalo, pues su magnitud pareció excesiva a algunos. Se trata del noviciado san Francisco de Borja, a donde se trasladó el insalubre de El Puerto de Santa María en 1961. Nada hacía prever el derrumbe de las vocaciones que coincidió con el postconcilio lo que provocó el traslado a otro edificio mucho más familiar en Sevilla en 1970 antes de cumplir una década.

Del seno de San Hipólito han nacido obras importantes como las congregaciones marianas y hermandades como la de la Buena Muerte fundada en 1944. El Centro Cultural de San Hipólito se afana por dialogar y debatir temas relacionados con la fe y su expresión cultural, además de fomentar la solidaridad a través de instituciones como Entreculturas o el Voluntariado Claver.

La hija más importante de San Hipólito, sin embargo, es otra. D. Lorenzo López Cubero deseaba perpetuar la memoria de su hijo D. Rafael López Jiménez, muerto prematuramente, y colaboró con la Compañía en su empeño por crear un centro superior en favor del campo andaluz. De ahí surgió el Instituto Social Agrario (INSA), cuya principal creación fue la Escuela Superior de Técnica Empresarial Agrícola (ETEA) que nació en el patio de San Hipólito. Gracias al tesón del P. Jaime Loring inauguró un campus propio en 1965 en el parque Cruz Conde. Es la institución que más vida ha generado: en 1988 se convirtió en Facultad de Ciencias Empresariales y en 2011 se transformó en la Universidad Loyola Andalucía, la primera universidad andaluza de iniciativa social, de futuro prometedor, que siguiendo el cauce del Guadalquivir, ha arribado al puerto fluvial, Sevilla. Se ha mutado, crecido y desarrollado, con el ánimo de ofrecer a la sociedad andaluza una formación universitaria de calidad y comprometida, dando cumplimiento, así, ahora, al proyecto de la fundación universitaria del primer colegio de Santa Catalina. Jesuitas de la comunidad de ETEA fueron responsable de la parroquia de San Pelagio desde 1978 a 2011 y alguno de ellos, como el P. José Morales Molero dejó una huella permanente.

Wenceslao Soto Artuñedo, S. I.

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