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Los jesuitas y la astronomía

Publicado: Jueves, 30 Julio 2026

Cuando pensamos en la historia de la astronomía, solemos recordar a Copérnico, Galileo, Kepler o Newton. Pero, durante casi cinco siglos, la Compañía de Jesús también ha formado parte de la aventura de observar, medir y comprender el cielo.

Desde los colegios jesuitas del siglo XVI, las matemáticas y la astronomía ocuparon un lugar importante en la enseñanza. No era una relación sencilla ni lineal: algunos jesuitas defendieron modelos cosmológicos que hoy están superados; otros participaron en controversias de su tiempo. Sin embargo, muchos trabajaron con una disciplina extraordinaria en campos que dejaron huella duradera.

Christoph Clavius ayudó a explicar y defender la reforma del calendario gregoriano y convirtió la matemática en una pieza central de la educación jesuita. Su alumno Matteo Ricci llevó esa formación a China, aprendió la lengua, trabajó con eruditos como Xu Guangqi, publicó un gran mapamundi en chino y tradujo con Xu los primeros libros de Euclides. La astronomía y la ciencia del calendario se convirtieron allí en espacios de colaboración, pero también de autoridad política.

En el siglo XVII, Adam Schall von Bell participó en la reforma del calendario imperial y llegó a dirigir el organismo astronómico de la corte. Ferdinand Verbiest recuperó después la posición jesuita mediante pruebas públicas de predicción y observación, rediseñó instrumentos para el Observatorio de Pekín y enseñó matemáticas al emperador Kangxi. Estos logros no fueron obra de europeos aislados: dependieron de traductores, artesanos, funcionarios y sabios chinos, y estuvieron condicionados por cambios de dinastía y disputas cortesanas.

Mientras tanto, Christoph Scheiner siguió durante años el movimiento de las manchas solares y aportó pruebas sobre la rotación del Sol. Giovanni Battista Riccioli, junto con Francesco Maria Grimaldi, trazó un mapa de la Luna y estableció nombres como Mare Tranquillitatis, el Mar de la Tranquilidad, que siglos más tarde escucharía el mundo durante la llegada del Apolo 11.

En el siglo XVIII, Roger Joseph Boscovich unió astronomía, geodesia, óptica y física matemática. En el XIX, Angelo Secchi apuntó el espectroscopio hacia miles de estrellas y mostró que podían agruparse por sus espectros: con él, la astronomía comenzó a transformarse en astrofísica. Más tarde, Johann Georg Hagen estudió estrellas variables, dirigió observatorios en Georgetown y el Vaticano y coordinó trabajos internacionales de cartografía celeste.

La relación de la Compañía de Jesús con la astronomía y los eclipses fue una herramienta estratégica fundamental que combinó el avance científico con sus objetivos apostólicos globales. El conocimiento técnico actuaba como una forma de ganar el favor de las élites y demostrar la superioridad cultural europea.