San Isidro y el Colegio Imperial de la Compañía

El Colegio Imperial de los jesuitas en Madrid fue una de las instituciones educativas y culturales más importantes de la España de los siglos XVI y XVII. Fundado por la Compañía de Jesús en 1560, bajo el patrocinio de la emperatriz María de Austria —hija de Carlos V y hermana de Felipe II—, se convirtió en un centro de formación de gran prestigio, estrechamente vinculado a la vida intelectual, religiosa y política de la corte madrileña.
Situado en el centro de Madrid, en la calle Toledo, el Colegio Imperial nació con el propósito de ofrecer una educación humanista y cristiana de alto nivel, siguiendo el modelo pedagógico jesuítico. Se enseñaba gramática, retórica, filosofía, teología, matemáticas y ciencias, y por sus aulas pasaron figuras tan destacadas como Quevedo, Calderón, Lope de Vega, e incluso Víctor Hugo. Durante el reinado de Felipe IV alcanzó un enorme prestigio, especialmente cuando se crearon los llamados Reales Estudios del Colegio Imperial, concebidos como una institución académica de referencia para la formación de las élites del reino.
El hermano jesuita Pedro Sánchez, fue maestro de obras, y no solo proyectó la iglesia del Colegio Imperial sino que fue coautor de la iglesia de San Antonio de los Alemanes, una de las más sorprendentes del barroco madrileño.
La relación entre el Colegio Imperial y San Isidro es profunda y significativa. San Isidro Labrador, patrón de Madrid, vivió en el siglo XII, mucho antes de la fundación de la Compañía de Jesús. Hasta la iglesia del antiguo Colegio Imperial, que hoy es la Colegiata de San Isidro, se trasladaron en el siglo XVIII los restos del santo y de su esposa, Santa María de la Cabeza. Desde entonces, el templo quedó asociado definitivamente al culto de San Isidro. Además, San Isidro fue canonizado en 1622 junto a San Ignacio y San Francisco Javier.