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Hace 500 años, Francisco Javier salió de Javier

Publicado: Jueves, 23 Abril 2026

Navarra, a comienzos del siglo XVI, era un reino a horcajadas de los Pirineos occidentales de poco más de 13.000 kilómetros cuadrados y unos 100.000 habitantes, aunque los territorios con vinculación señorial se extendían por el Reino de Francia doblando su extensión de facto. El viejo reino era agrario y ganadero, con reducida población (debilitada por las crisis de los siglos XIV y XV), y donde sus principales villas (Sangüesa, Estella, Olite...) eran básicamente cabezas comarcales; solamente Pamplona y Tudela merecían el nombre de ciudad. Navarra era gobernada de modo inestable desde 1234 por dinastías de origen francés (Champagne, Francia, Evreux, Foix, Albret) y aragonés (1425-1479), siendo un avispero de conflictos entre agramonteses (pro-franceses) y beamonteses durante el conflicto civil de 1451-1464. En 1506 sólo quedaba el recuerdo de las glorias del siglo XI cuando Navarra había encabezado la Reconquista.

En julio de 1512, con ocasión del pacto de Navarra con Francia (Tratado de Blois) el rey Fernando de Aragón (Regente de Castilla), con el pretexto de asegurar aquel reino frente a su enemigo francés, inició la conquista de Navarra bajo el mando del Gran duque de Alba, ocupando gran parte del Reino con el apoyo de los beamonteses. En diciembre de 1512, Navarra había desaparecido como reino independiente tras siete siglos de existencia, siendo incorporada a la Corona de Castilla.

Entre 1513 y 1529 hubo varios intentos de los Albret por recuperar la Alta Navarra. Por aquellos años, los Loyola (aliados a los beamonteses) y los Javier (agramonteses) estarían enfrentados, de ahí que Íñigo de Loyola y su hermano Martín García de Oñaz se encontraran defendiendo Pamplona en 1521 durante la invasión francesa. La invasión franco-navarra fracasó, y los Albret perdieron definitivamente el sur del reino en 1524 con la caída de Fuenterrabía (donde se encontraban Miguel y Juan de Jasso, hermanos de Francisco Javier, junto a otros parientes).

En 1530, Carlos V abandonó sus aspiraciones a ocupar la Baja Navarra, que se mantendría como reino independiente bajo los Albret (con sus extensos territorios señoriales), hasta que en 1589 se unió a la Corona francesa al ascender Enrique III de Borbón al trono galo como Enrique IV de Francia. Así, los monarcas franceses se intitularon desde entonces y hasta 1791 reyes de Francia y de Navarra.

Familia Jasso

El padre de Francisco Javier, Juan Périz de Jasso y Atondo (1455-1515), Señor de Idocín, era doctor en Derecho canónico por la Universidad de Bolonia. Alineado con los agramonteses ocupó la presidencia del Consejo Real de Navarra bajo Catalina I de Foix y Juan III de Albret. La madre, María de Azpilcueta y Aznárez de Sada (1464-1529), señora de Javier y Azpilcueta, pertenecía a una noble familia de la que formaba parte Martín de Azpilcueta, el ilustre doctor navarrus. Los Jasso y los Azpilicueta no pertenecían a la más rica nobleza, pero sí a la de mayor rango por sus oficios reales y por sus legendarios orígenes en Roncesvalles y en la familia condal de Aragón.

El señorío de Javier se encontraba a camino de Sangüesa y el Monasterio de Leire. La sede señorial era el castillo homónimo, construido entre los siglos X y XI como torre de vigilancia bajo la protección de San Miguel. Ampliado en el siglo XIII, sería desmochado en 1516, y reconstruido como casa-palacio tras 1524; en 1892 y 1952 será restaurado tomando su aspecto actual.

Tras la muerte de Juan de Jasso en 1515 y la muerte del rey Fernando en 1516, los Xavier conspiraron a favor de Juan III de Albret. Fracasado el intento, el cardenal Cisneros, regente de Castilla, mandó desfortificar el castillo de Javier. Los hermanos mayores de Francisco Javier tardaron en normalizar su situación política. Sus bienes fueron confiscados y sus personas condenadas a muerte por alta traición. Habrían de negociar una rendición honrosa, que pasaba por conservar la posesión de Javier. En 1524, con el perdón imperial y el juramento de fidelidad a Carlos V, llegó el final de las penurias que la anexión de Navarra había ocasionado a la familia Jasso.

Francisco Javier

Francisco de Jasso y Azpilcueta nació en 1506 en Javier, siendo el sexto de seis hermanos: María, fallecida en la infancia; Magdalena (1485-1533), a la que Francisco conoció solamente de oídas, ya que antes de 1506 había ingresado en el convento de las clarisas de Gandía; Ana (1492- ¿?), que casaría con Don Diego de Ezpeleta, Señor de Leire; y sus hermanos Miguel (1495-1542), Señor de Javier, y Juan (1497- ¿?), que se destacaron en el bando agramontés.

Su niñez estuvo marcada por la inestabilidad política y por el papel de su familia en la defensa de la soberanía navarra. Esta situación ocasionó importantes dificultades personales, económicas y señoriales a la familia entre 1515 y 1524, familia que fue gobernada con mano firme por Doña María y sus extensas conexiones familiares.

Francisco Javier recibió su formación en casa, junto a su madre, y de la mano de Miguel de Azpilicueta (un pariente sacerdote) y los clérigos de la casa parroquial, siendo el vasco y el castellano sus lenguas desde la infancia. Francisco Javier otearía el horizonte de su formación en la Universidad de París, por donde ya habían pasado otros miembros de su familia. Hacia allí se dirigió en otoño de 2025, hace ya 500 años.

En octubre de 1525 se matriculó en Artes como clérigo de la diócesis de Pamplona (habría recibido la tonsura poco antes de su viaje), y empezó a vivir en el colegio de Santa Bárbara (competidor del de Monteagudo). El primer año lo dedicó Francisco Javier a terminar sus estudios de latín; una vez acabados en octubre de 1526 comenzó su curso de Filosofía bajo el Magister Peña, compartiendo con él y con el saboyano Pedro Fabro un mismo cuarto. La vida colegial contaba con su propia cotidianidad, además de un método académico particular, el llamado modus parisiensis, adoptado después con matices por la propia Compañía de Jesús.

París y su Universidad en el siglo XVI

En el siglo XVI París era la ciudad más grande de Europa occidental. Se estima que su población creció hasta los 350.000 habitantes en la primera mitad del siglo. El Renacimiento llegó a París gracias al mecenazgo de los reyes de Francia y se plasmaba en una activa vida cultural y artística. Durante el siglo XVI, París era una las principales ciudades del continente, junto a Amberes, Cracovia, Lisboa, Nápoles, Roma, Sevilla, Toledo o Constantinopla.

La Universidad de París era, después de Bolonia, la segunda universidad más antigua en sentido estricto. Su fundación fue el resultado de una gradual transformación institucional y jurídica de las escuelas parisinas entre 1200 y 1231. Establecida como una asociación de todos los colegios, escuelas y estudios parisinos (centros de formación eclesiástica) a partir de l’École de théologie de Notre-Dame (fundada en el siglo XI), rápidamente adquirió gran prestigio en artes liberales y teología.

Contribuyó de una u otra manera a la formación de la mayoría de los futuros administradores y funcionarios de las instituciones reales de Francia y de los superiores eclesiásticos de todos los rangos. Desde el siglo XII hasta el periodo de la Reforma fue probablemente la universidad más prestigiosa de Europa por la que pasaron personalidades como Pedro Abelardo, Pedro Lombardo, el papa Gregorio IX, Tomás de Aquino, el poeta Villon, Erasmo de Rotterdam, Domingo de Soto, o Calvino. En el siglo XVI la Universidad de París dedicó gran parte de su atención a la lucha contra el protestantismo; para lo que el rey Francisco I fundó el Collège de France en 1530 como un nuevo centro de aprendizaje independiente. París también era, junto a Venecia, el mayor centro editorial de Europa. Todo esto hacía de París un gran polo de atracción para la gente más dinámica e inquieta intelectualmente de Europa.

 José María Fabián SJ