Jesuitas España

Veruela y los jesuitas

Publicado: Miércoles, 30 Septiembre 2020

El Real Monasterio de Santa María de Veruela, a la sombra del Moncayo, cercano a la frontera con Castilla y Navarra, es un monumento singular del patrimonio aragonés. Son conocidos sus orígenes cistercienses del siglo XII así como su renovación en el siglo XVI por el abad Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico. También sabemos que, tras la Desamortización en 1835, abandonado, fue un espacio romántico donde algunos viajeros llegaron para curar males del alma y del cuerpo. Entre ellos los más recordados son el poeta Gustavo Adonfo Bécquer y su hermano el pintor Valeriano.

Menos conocida es la relación de Veruela con la Compañía de Jesús que le dio vida intensa durante casi 100 años (1877-1975). Dos factores contribuyeron al usufructo jesuita del Monasterio de Veruela. Primero, la desamortización y que una sexta parte quedara en poder del Estado tras su subasta. Segundo, la urgente necesidad de la provincia jesuita de Aragón de encontrar alojamiento, ya que su forzado exilio en el sur de Francia se estaba viendo amenazado por la guerra franco-prusiana. La tolerancia de las autoridades españolas, incluso tras el decreto de 1868, ayudó a buscar salidas a la situación del exilio alejadas del ruido político.

El Monasterio de Veruela fue la primera casa ocupada por novicios y estudiantes jesuitas aragoneses al venir de Francia. La autorización del Gobierno se logró bajo el título de preparación de misioneros para Filipinas. Las condiciones eran que la Compañía asumiera el cuidado y restauración de la fábrica y que se respetaran los derechos históricos de la Casa de Villahermosa.

El 6 de mayo de 1877  llegaron los jesuitas a Veruela. Su comunidad alcanzaba 136 sujetos, de ellos 71 novicios. No sólo se preocuparon de la recuperación del edificio sino que se implicaron ampliamente en la vida y problemas de los pueblos de la comarca. Desde entonces se han sucedido diversas comunidades jesuitas. Como joven tuve la suerte de vivir en Veruela cuatro años junto a compañeros aragoneses, vascos, navarros y riojanos, con un magnífico claustro de profesores de Humanidades y biblioteca, en un entorno natural e histórico increíbles.

En 1975 los jesuitas devolvieron las llaves del Monasterio a la Delegación de Hacienda renunciando a renovar el usufructo. Los tiempos cambiaban, las vocaciones habían disminuido y la formación exigía condiciones diferentes al alejamiento monacal. Ninguna otra orden ni masculina ni femenina se atrevió a dar vida a  aquel magnífico pero inmenso monasterio. El Estado lo cedió definitivamente en 1998 a la Diputación Provincial de Zaragoza. Personalmente agradezco un inteligente interés en su ciudado, restauración y utilización.

Jesús María Alemany SJ

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