Jesuitas España

Ayudar a crecer

«No me gusta estudiar». Ésa es la respuesta que me dio un alumno de un ciclo formativo de Grado Superior de nuestro centro cuando le pregunté al comienzo de curso por qué se había matriculado en FP. 

También les suelo preguntar: «¿Por qué has escogido nuestro centro?» Y contestan: «Tiene mucha fama», «Los que terminan aquí se colocan muy bien», «Trabajáis con empresas muy buenas», «Por mi padre, que estudió aquí», «Vi las cosas que hacéis en las jornadas de puertas abiertas y me gustó». Son algunas de sus respuestas. 

Y les sigo preguntando: Sabrás que somos un centro de la Compañía de Jesús, ¿no? «Lo vi en la Web del instituto», «Ah, no, no lo sabía», «Hombre, soy antiguo de alumno de Bachillerato», «Sí, pero no me importa»… Esta última es cierta pero única, y me la tomé con mucho humor. 

Es éste el contexto en el que el equipo de profesores de Formación Profesional del centro comienza el trabajo con los alumnos. No nos hace falta acudir a las fronteras; estamos en ellas y vivimos en tiendas de campaña en la misma raya. Tenemos cinco trimestres para hacer de ellos «hombres y mujeres para los demás». No es mucho tiempo, por eso el reto motiva más. 

El círculo se cierra cuando me despido de los alumnos al finalizar en segundo curso sus estudios y les vuelvo a preguntar: «Bueno, ya terminas, dime: ¿qué has aprendido, qué te hemos enseñado?». Unos contestan no muy concretamente, otros con evasivas, o se ríen y se encogen de hombros, a la mayoría les cuesta, y algunos afirman: «Que hay que hacer el trabajo y además bien». Y yo tomo nota mentalmente: Magis, profundidad, competencia. «A trabajar en equipo, a respetar a los demás». Sigo anotando: Compasión, servicio. «Que antes de hacer las cosas hay que pensar cómo hacerlas y que no vale todo». Consciencia y discernimiento, modesta e incipientemente sí, pero ahí están. «Quiero volver a la universidad y después me gustaría hacer un Erasmus…» Un proyecto de vida se está fraguando. Alguno aprovecha para decirme: «En el taller muy bien, me gusta mucho, pero esas cosas como lo de la frase al comenzar la mañana, las campañas de alimentos y las charlas de voluntarios, no sé, no lo entiendo bien». Tiempo habrá para que lo comprendas, pienso. Por si acaso, ahí lo llevas en la mochila, que las circunstancias de la vida puede que te dejen alguna vez desolado, y entonces recordarás sin quererlo y te ayudará.

No a todos les puedes preguntar al finalizar, porque algunos han tirado la toalla, no han podido o no han querido seguir. Son de los que más me acuerdo, pero ellos deciden.

Y es que no les enseñamos una profesión, o no solamente. Entramos con la suya para salir con la nuestra y los educamos para que crezcan profesional y personalmente, con la esperanza de que encontrarán el sentido a su vida, y que al incorporarse al mundo laboral harán de ese entorno uno más justo y habitable.

Las claves de la tarea no son muchas: Confiar en Dios, porque la misión es ardua, y confiar en ellos; enseñándoles al lado y no enfrente o por encima; diciéndoles «así no…», aunque les valga ya con eso para aprobar; reconociendo que lo hecho está muy bien cuando es cierto; poniéndoles tareas exigentes y ayudándoles a encontrar las respuestas en vez de dárselas; enseñándoles a formularse las preguntas adecuadas; dándoles oportunidades para elegir y que asuman la responsabilidad de su elección; y acompañándolos siempre.

Eso sí, no les digas el primer día que en FP también hay que estudiar. Ellos mismos lo irán descubriendo por sí mismos y empezarán a disfrutar sorprendentemente de un «estudio» que les llena y les hace madurar como personas y como profesionales. 

José Luis Muñoz Villa

Director del Instituto Politécnico Cristo Rey (Valladolid)

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