Jesuitas España

Leer para ensanchar el alma en vacaciones

Aunque resulte paradójico, es habitual observar el tiempo de descanso con una mezcla de deseo e indiferencia. Si por un lado ansiamos liberarnos de las actividades que nos ocupan a lo largo de año, por otro no le damos a ese tiempo un significado mayor que el de reponer simplemente fuerzas agotadas. Y, sin embargo, la ruptura de la cotidianidad que suponen las vacaciones y el tiempo de calidad que ello nos brinda son un valioso tesoro para nuestro espíritu que podemos aprovechar o desperdiciar. 

Pero, ¿es que ahora resulta que tenemos que pensar con cierta responsabilidad hasta en las vacaciones? Hay componentes del descanso que necesariamente deben quedar fuera de toda planificación. De hecho, una disposición apropiada para el aprovechamiento de las vacaciones tiene mucho que ver con tomar conciencia de lo poco que necesitamos para abrirnos al Espíritu: contemplar la creación, dejarnos envolver por el silencio, compartir la vida ordinaria de nuestra familia y amigos, o reírnos al redescubrir a Dios en los elementos más sencillos, al margen de los proyectos a los que tanta importancia damos a lo largo del año… Y, sin embargo, hay aspectos del descanso para los que una planificación previa resulta sustancial: necesidades de transporte, alojamiento, gastos, o las decisiones sobre los lugares que queremos visitar ―corriendo a veces el riesgo de confundir un buen viaje con visitar muchos lugares―. 

Existe un elemento de las vacaciones que nada tiene que ver con esas cuestiones «logísticas», y que, sin embargo, merece también una atenta consideración previa. Nos referimos a las lecturas que nos acompañarán en ese tiempo.

Los libros no son el centro de nuestras vacaciones, pero pueden ayudarnos, junto a los demás ingredientes, a que esas pocas semanas al año sirvan para ensanchar nuestra alma además de para reponer fuerzas agotadas. El disfrute de la lectura nos ayuda a comprender al prójimo y al mundo que nos rodea, y a advertir al Dios que recorre la historia, la naturaleza, nuestra vida y las de los demás ―como apreciamos muy vivamente en este periodo del año en las personas con las que convivimos más estrechamente―. 

Poesía, ensayo, novela, libros religiosos... o, mejor, una mezcla de varios géneros: no existe una única receta válida para todos. Cada cuál puede intuir mejor que nadie, considerando su momento vital particular, qué libros ha de llevar en su maleta o cargar en su e-reader y dónde buscar consejo para ello. Si lo comparamos con el tiempo que dedicamos a planificar otros detalles, no cuesta mucho; pero sus frutos perduran, más allá del regreso a casa.

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