Jesuitas España

La llamada a la vida pública desde la fe

Según cómo se entiendan los términos fe y política, parece que fe y política están necesariamente destinadas a oponerse o que deben estar separadas. Para muchas personas la vinculación de ambas dimensiones de la vida es una intromisión o una mezcla de lo privado con lo público, de lo personal con lo colectivo, y sin embargo, la fe que es encarnada ha de buscar la transformación de las estructuras.  Por eso no es extraño encontrar a lo largo de nuestra historia a jesuitas o instituciones de la Compañía de Jesús que se han pronunciado públicamente e incluso se han movilizado defendiendo transformaciones sociales y políticas. 

La espiritualidad ignaciana es necesariamente “política” en el sentido propio. Ignacio y los primeros compañeros se dedicaron desde el comienzo a hacer lo que hoy llamaríamos incidencia, mediando dentro y fuera de la iglesia entre secciones y partidos, y tratando de influir para la defensa de los pobres y enfermos. La Compañía de Jesús se siente enviada a incidir con otros para transformar estructuras injustas que causan dolor a los hijos/as de Dios y a la creación.

La vinculación de la fe y la justicia en el último tercio del siglo pasado y hoy de la fe, la justicia y la cultura es también una forma de insistir en la necesaria convergencia de la fe y la transformación social a través de la vida pública. Ya más recientemente hemos decidido dar un impulso a nuestro trabajo en incidencia política (en inglés, advocacy) realizando campañas y acciones concretas, y desarrollando un modo propio de realizar la incidencia desde los elementos de la espiritualidad ignaciana.

Existen ya un buen número de iniciativas, como las redes globales internacionales de incidencia ignaciana que trabajan en el ámbito de las migraciones, el derecho a la educación, la ecología y la gobernanza de recursos naturales. O la labor de centros como el Jesuit European Social Center, que trata de influir en las políticas de las instituciones europeas. En la Provincia de España, centros como el Pignatelli de Zaragoza, Cristianisme i Justícia en Barcelona o entreParéntesis en Madrid, promueven no solo la reflexión sobre estos temas, sino que se hacen presenten en redes y plataformas de movilización social junto a otras organizaciones. En cualquier caso, es necesario paralelamente promover la formación de las personas que quieren reflexionar sobre lo que representa el servicio a la vida pública vivido desde el compromiso cristiano. A ello se dedican cursos como el que se celebrará este verano en Málaga. 

Todo esto supone situarse en la encrucijada donde se encuentran la fe y la política, la creencia personal y la actividad pública. Sin duda son espacios en los que surgirán retos y también conflictos. Pero no son conflictos que podamos eludir. Existe una necesidad, un sufrimiento, y como cristianos estamos llamados a ser instrumentos de cambio, a tratar de vertebrar una sociedad más ética, más justa y contribuir al bien común.

Abordamos este reto desde la espiritualidad ignaciana, que nos ayuda a definir cómo debe ser nuestra presencia y participación en la vida pública y la política partidista si fuera el caso: un compromiso crítico que se lleva a cabo desde la necesaria libertad religiosa, la promoción de los valores evangélicos, especialmente la perspectiva de los últimos, que supone reflexión y discernimiento, y sobre todo, que surge de la experiencia de acompañar y servir a los más vulnerables. 

No solo es posible, sino que es deber del cristiano no ser indiferente ante cuestiones políticas. 

Porque la fe es para la vida, personal y colectiva. Y nos jugamos en ello que la fe pueda contribuir a hacer del mundo una casa común.

(Imagen: Schlegel Center for Service and Justice. Creighton University)

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