Jesuitas España

El servicio de la teología en la misión de la Compañía

La dedicación a la teología forma parte de los ministerios de la Compañía desde la primera hora. Aquí converge: la génesis fundacional, la descripción del carisma en la Fórmula del Instituto, la experiencia de los primeros compañeros y lo que los últimos papas han pedido a la Compañía. 

a) La génesis. Ignacio experimentó que sin formación teológica no podía dedicarse a «ayudar a las almas». Más adelante, reunió un grupo de compañeros, todos maestros en artes por la Universidad de París, la más prestigiosa del momento. El papa empezó a utilizar los servicios de la primera Compañía, formada por sacerdotes reformados, a saber: pobres, dispuestos a vivir en pobreza y trabajar con y por los pobres; bien formados en filosofía y teología, y con celo apostólico. Entre estos servicios, destaca la elección de algunos de los primeros como teólogos pontificios en el concilio de Trento: Laínez y Salmerón fueron los más destacados.

b) El carisma. En la Fórmula del Instituto se mencionan diversos ministerios de la Palabra, que exigen una buena preparación teológica: «fundada ante todo para atender principalmente a la defensa y propagación de la fe y al provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana por medio de predicaciones públicas, lecciones, y todo otro ministerio de la palabra de Dios, de ejercicios espirituales, y de la educación en el Cristianismo de los niños e ignorantes». Los primeros jesuitas se ejercitarán en diversas formas de predicación, entre las que destacan las explicaciones en las Iglesias de las cartas de san Pablo completas, y otros textos bíblicos.

c) La experiencia. Pronto, la primitiva Compañía cae en la cuenta del potencial apostólico de la enseñanza, en colegios y en universidades. Dentro de las universidades, destaca la Facultad de Teología. Ignacio ya vio la pertinencia de la formación de sacerdotes diocesanos al estilo de la Compañía, fundando para ello el Colegio Romano (actual universidad Gregoriana) y el colegio Germánico. A lo largo de la historia ha habido grandes teólogos, como P. Canisio († 1597), F. Suárez († 1617) o R. Bellarmino († 1621); más recientemente K. Rahner († 1984) y H. de Lubac († 1991).

d) Los papas. Los últimos papas, de Pablo VI a Benedicto XVI, han apreciado y pedido de la Compañía la dedicación a la teología, como forma excelente de ejercer su misión. Solicitan de la Compañía un servicio cualificado de formación y de discernimiento de los contenidos de la fe y el modo de proponerla en la cultura actual.

Hoy en día, el servicio a la teología, consiste en contribuir a que los creyentes estén mejor formados, en la cualificación de agentes pastorales, en el diálogo con la cultura contemporánea, todo en orden a hacer de la fe católica y de la Iglesia un hogar amable, intelectualmente habitable.

Gabino Uríbarri Bilbao, SJ

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