Jesuitas España

La segunda Casa Profesa de Madrid

Publicat el Dilluns, 17 Juny 2019

Como dijimos en un anterior artículo, la primera Casa Profesa de Madrid fue fundada en 1617 por D. Francisco Gómez de Sandoval, I duque de Lerma, y estuvo funcionando ininterrumpidamente hasta la expulsión de la Compañía en 1767. Ocupada un par de años después por el Real Oratorio de San Felipe Neri, el edificio, con su excepcional y singular iglesia, fue derruido en 1837.

Al final del convulso siglo XIX se produce un período de tranquilidad religiosa, momento que algunos benefactores aprovecharán para colaborar con la Compañía de Jesús en su misión evangelizadora y educativa. Uno de ellos, D. Manuel Álvarez de Toledo y Lasparre, XII duque de Pastrana, dona, junto a su palacio en Chamartín de la Rosa, unos terrenos en 1859 a las religiosas del Sagrado Corazón para levantar un colegio femenino. En 1879 cede otro solar enfrente del anterior a los jesuitas, en donde se edifica el colegio de Nuestra Señora del Recuerdo. Cuando en 1886 fallece el duque, lega a la Compañía un palacete que poseía en la calle Leganitos y a las religiosas del Sagrado Corazón otro edificio que tenía en la calle Isabel la Católica con vuelta a la de la Flor Baja. Por motivos prácticos y con la aceptación de la duquesa viuda, ambas Congregaciones llegan al acuerdo de intercambiar estos inmuebles recibidos en herencia. Tras unas mínimas obras de acondicionamiento, en 1888 ocupan los primeros jesuitas la nueva residencia en la calle de Isabel la Católica, nº 12, edificio de tres plantas, con patio y jardín interior.

Cuando comienzan sus actividades no cuentan con iglesia, utilizando una capilla próxima para sus actos religiosos. Poco tiempo después compran unos locales colindantes en la calle de la Flor Baja, los cuales, mediante proyecto ejecutivo de 1894, transforman en una nueva iglesia bajo las advocaciones del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja, sobre cuyo brazo transepto, lado Epístola, se ubicará un salón de actos para reuniones, conferencias e incluso conciertos. En el mismo proyecto se incluye la remodelación de la residencia, que se amplía mediante la adquisición del edificio nº 10 de la calle de Isabel la Católica y en el cual, además de habilitar un gran espacio para la biblioteca en la primera planta, se acondicionarán otras salas para actividades sociales y culturales, añadiendo a estos los espacios necesarios para el uso de los propios residentes.

Con la iglesia y las ampliaciones ya en funcionamiento, la residencia fue adquiriendo poco a poco gran importancia en sus múltiples facetas apostólicas y sociales, abandonando algunas de las pequeñas residencias que quedaban aún en el centro de la capital, concentrándose sus miembros en la de la calle de Isabel la Católica.

Con la tutela y ayuda de la casa de Medinaceli (herederos de la fundación realizada por el duque de Lerma), el 30 de julio de 1901, con asistencia de la familia real y la nobleza, se realiza el traslado de la urna con los restos de San Francisco de Borja a la nueva iglesia. Como patrono de la Grandeza de España, la ceremonia anual en su honor se celebraría, a partir de entonces, en el nuevo templo de la calle de la Flor Baja.

En 1911, a la vista del favorable desarrollo de sus actividades, se solicita a la curia romana que la primera residencia madrileña sea declarada Casa Profesa, retomando los antiguos fines y objetivos que en su día tuvieron, pero adaptados a la nueva realidad religiosa y social del siglo XX. Después de las necesarias consultas, el 10 de octubre se aprueba el decreto de aceptación correspondiente, entrando en vigor la denominación oficial el 5 de noviembre de 1911, siendo el P. José Gálvez nombrado primer prepósito de esta segunda Casa Profesa de Madrid.

Debido a los planes de expansión de sus actividades, se hizo necesaria la compra de nuevos locales y solares colindantes para la construcción de una nueva iglesia. En 1924 la Compañía era ya propietaria de la manzana completa, a excepción de los edificios con fachada a la Plaza de Santo Domingo (es decir, los números 1 y 3 de la calle de San Bernardo y el nº 2 de la Calle de Isabel la Católica), dejando sólo fuera de su propiedad los números 6 y 8 de ésta última calle, ocupado por el convento de las monjas Bernardas de Vallecas, que hacía labores auxiliares y de ayuda al templo de San Francisco de Borja.

Las obras de construcción de la nueva Gran Vía madrileña, que en principio sólo afectaban a una mínima porción del solar, sin edificar, en la esquina de las calles de San Bernardo y de la Flor Baja, modifica en 1927 el ancho de su trazado y por ello se ordena expropiar y derruir la fachada de la iglesia y parte de su nave. Era el único edifico singular afectado en este tramo por la nueva vía y la Compañía interpone en solitario el correspondiente recurso ante las autoridades. Después de dos años de litigio y con fuerte repercusión en los medios, en 1929 se llega a un acuerdo. Se derribó efectivamente parte del antiguo templo y se construyó rápidamente una nueva fachada, finalizada en 1930 y que sería, en estilo neoclásico, la de la futura nueva iglesia. La correspondiente indemnización por la expropiación tardaría catorce años en hacerse efectiva.

Pero el destino de esta segunda Casa Profesa no iba a ser mejor que el de la primera. La llamada quema de conventos y colegios, ola anticlerical contra la Iglesia Católica que se produjo en España entre los días 11 y 13 de mayo de 1931, se inició precisamente con el saqueo e incendio de la Casa Profesa de Madrid, continuando con varios edificios más en la capital y decenas en el resto del país. En la imagen que acompaña este artículo, publicada en el periódico La Libertad el 13 de mayo, puede apreciarse cómo el fuego ha derruido ya la capilla de San Francisco de Borja y parte del templo, aunque la nueva fachada se mantiene en pie. La iglesia y la residencia estuvieron ardiendo dos días, sin que se permitiera la actuación de los bomberos. Todas las dependencias, así como sus obras artísticas y su riquísima biblioteca se perdieron con el incendio.

Sólo por la valiente actuación posterior de personas anónimas, que rescataron de los escombros una amalgama de materiales quemados, pudieron, años más tarde, identificarse algunos de ellos como los restos de San Francisco de Borja, que reposan hoy, y esperemos que definitivamente, en la actual iglesia de la calle Serrano.

Martín Corral Estrada

 

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