Jesuitas España

El papa Francisco a los jesuitas

Published: Venres, 28 Outubro 2016

Era el Papa visitando a la Congregación General de la Compañía de Jesús, pero desde el afectuoso aplauso con el que fue recibido en el aula conciliar, Francisco pudo sentirse durante toda la mañana del 23 de octubre de 2016 como jesuita entre jesuitas, sin dejar por ello de ser, ante todo, el Papa. En esa circunstancia insólita ―la de ser papa y jesuita― residía el carácter histórico del momento, si lo comparamos con otros episodios similares. Pero más allá de la singularidad del momento, su propio mensaje estuvo también marcado por esa doble condición.

Bien puede afirmarse que Francisco, como otros papas habían hecho antes que él, confirmó a los jesuitas en su carisma particular y les transmitió la confianza de la Iglesia en su misión ―de hecho, Francisco comenzó citando anteriores intervenciones de Pablo VI en la Congregación General 32 y de Benedicto XVI en la Congregación General 35―. Pero su discurso no fue solo un nuevo mensaje de envío. Francisco apeló a la identidad de la orden con palabras que nacen de un conocimiento interno del cuerpo al que se dirigen y de una experiencia real de su carisma.

De esta forma, el jesuita Francisco nos regala el texto de un papa hablando de cosas como el sentido apropiado de la obediencia, el «aprovechamiento» como criterio práctico de discernimiento, el Magis como «fuego» y «fervor» que «sacude dormideras», o la misericordia entre los primeros jesuitas. Francisco se sirve de las fuentes primitivas de la Compañía, citando a San Ignacio, a sus primeros compañeros y a la primera Fórmula del Instituto de 1540, para buscar en el espíritu originario la inspiración para combatir cualquier parálisis y librarnos de veleidades. Como guía segura para el servicio a Dios y al bien mayor fija nuestra mirada ―no podía ser de otra forma― en los Ejercicios Espirituales: pedir insistentemente la consolación, dejarnos conmover por el Señor puesto en Cruz y hacer el bien de buen espíritu, sintiendo con la Iglesia. Francisco sabía a quién se dirigía.

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