Jesuitas España

Ellos y ellas

Siempre han sido y siempre serán nuestra misión: Los jóvenes. Su educación, la transmisión de la fe y el facilitarles experiencias de crecimiento integral, vienen siendo desde hace casi cinco siglos nuestro gran reto. Aunque nos dediquemos a otras actividades y sectores de la sociedad; aunque la historia y la tradición que nos avala parezca que se difumina ante lo vertiginoso de los nuevos tiempos; aunque experimentemos las limitaciones de los saltos generacionales, ellos condicionarán nuestras líneas de actuación y marcarán el rumbo de nuestro desvelo.

Ellos y ellas. Tan cambiantes. Imprevisibles. Hijos de su época. Siempre un paso por delante. Pertenecientes ya a todo tipo de estructuras familiares. Del primer mundo o en los márgenes de lugares que no son noticia. Pero todos y cada uno, llamados a convertirse en hombres y mujeres para los demás. Solo seguimos el sueño de Ignacio, la herencia moderna del P. Arrupe. No es otra cosa que el evangelio de Jesús, que sigue enamorando y se sigue tatuando en el corazón de tantos jóvenes que siguen buscando un horizonte de sentido para su vida.

Metidos en el Año Jubilar Aloisiano y con la mirada en el próximo Sínodo de Obispos que se dedicará a la juventud, queremos como cuerpo apostólico renovar nuestro compromiso por los jóvenes. En este contexto histórico, se nos invita a transitar caminos nuevos. A no dar respuestas pasadas a preguntas de hoy. A ser fieles a la esencia del evangelio sí, pero con ese punto de audacia que, en el pasado, misioneros y exploradores tenían cada vez que intentaban llevar la Buena Noticia donde nunca había llegado antes.

San Ignacio en los Ejercicios nos invita a que nos preguntemos: ¿Qué hemos hecho por Cristo? ¿qué hacemos por Cristo? ¿Qué hemos de hacer por Cristo? Son las tres preguntas clave que nos sirven de espejo para seguir actualizando nuestra reflexión y acción pastoral: ¿Qué hemos hecho por los jóvenes? ¿Qué hacemos por ellos? ¿Qué hemos de hacer?

Si tres son las preguntas, tres son los verbos sobre los que vamos delineando nuestra tarea con los jóvenes. Tres acciones que desde distintas perspectivas se acaban encontrando y buscan la misma finalidad: la experiencia profunda con el Maestro de Galilea. Es nuestra PASTORAL MAGIS.

Salir: Es llevar a los jóvenes a que conozcan la realidad, salgan de sus rutinas y escenarios. Salir para conocer, entender el mundo y comprender lo diferente. Salir a los cruces de caminos para ser Iglesia en salida que se hace prójimo. Acercarse a los que están lejos. Ser acogida en la intemperie. Descubrir que hay un mundo necesitado de palabras y gestos de Dios.

Seguir: Es llevar a los jóvenes a ese punto donde se decide el rumbo de la vida. Optar. Decidir conscientemente en libertad por Jesús y su pasión: el Reino. Despertar los deseos de abrazar Su estilo de vida. Seguirle para vivir como él y estar cómo él hoy. Seguirle para vivir la vida como peregrino, ligero de equipaje y lleno de pasos por andar.

Servir: Es llevar a los jóvenes a esos espacios donde el amor se pone de rodillas para entregarse, donde menores en riesgo, migrantes, ancianos y enfermos se convierten en el centro. Espacios donde restañar heridas y dejarse curar por los más necesitados. Espacios solidarios donde descubrir que el evangelio de Jesús se concreta y se hace justicia social en un mundo roto.

Quizás suene demasiado ideal. Todos sabemos que es mucho más complicado de lo que parece. Pero seguiremos apostando, porque siempre han sido y siempre serán nuestra misión: Los jóvenes.

0
0
0
s2sdefault