Jesuitas España

Uno de los suyos

La Santa Sede ha proclamado la celebración de un Año Jubilar Aloisiano desde este pasado 9 de marzo hasta la misma fecha de 2019, para conmemorar los 450 años del nacimiento de San Luis Gonzaga SJ. La celebración llega en un momento marcado por el próximo Sínodo de Obispos dedicado a la juventud, que se celebrará en octubre. Durante este tiempo de preparación al Sínodo, la Iglesia está llevando a cabo un ejercicio de escucha, a fin de conocer la realidad de la juventud actual. Este mes de marzo se ha celebrado en Roma un importante encuentro ―«pre-sínodo»― al que han acudido jóvenes de los cinco continentes. La conmemoración en torno a la figura de San Luis Gonzaga puede resultar particularmente provechosa para la Iglesia en este contexto. ¿Qué le dice hoy San Luis Gonzaga a la Iglesia ―y que nos dice a la Compañía de Jesús― sobre los jóvenes?

Se trata sin duda de un mensaje que anima a confiar en la juventud. Si San Luis Gonzaga fue proclamado en 1729 patrono de los jóvenes, es porque ejemplifica algo esencial a ellos: en su corta vida, llevó a la máxima expresión el anhelo de plenitud y el espíritu de sacrificio que habitan en todos los jóvenes.

Nacido en Lombardía en 1568, en un contexto que prometía para él riqueza, fama y poder, el primogénito del marqués de Castiglione delle Stiviere hizo frente a una fuerte resistencia familiar para asumir el seguimiento del Señor como camino para su vida. Ingresó en la Compañía de Jesús, fue un novicio modélico y murió con tan solo 23 años, tras contraer la peste en Roma cuando atendía voluntariamente a los enfermos, excluidos y marginados.

Encontramos en esa fugaz biografía ejemplos extremos de libertad interior, de empeño en una apuesta vital y de entrega generosa al prójimo que, siendo características generales de la juventud, son manifestaciones de un Espíritu que a través de ellos continúa renovando el mundo constantemente, haciendo realidad la promesa del Reino de Dios. Sin necesidad de ser San Luis Gonzaga, ¡qué lecciones nos dan tantos jóvenes que cada día nos muestran el rostro de Dios!

Podemos preguntarnos si hemos sabido escuchar y acoger su fuerza profética o si, por el contrario, en ocasiones nos hemos acercado a ellos desde el recelo y la distancia, por temor al cambio y a la novedad. No podía haber mejor año para abrirse a San Luis Gonzaga y, con su intercesión, abrirse a los jóvenes: es uno de los suyos.

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