Jesuitas España

Alonso Rodríguez, horizonte de santidad

Los aniversarios de cualquier tipo, ya sean cumpleaños, conmemoraciones institucionales o fechas en las que recordamos acontecimientos trágicos, son ocasiones para hacer memoria del camino recorrido y descubrir en la propia historia los elementos que conforman nuestra identidad y nos orientan en el presente. 

Por ello es tan importante el cuarto centenario de la muerte de San Alonso Rodríguez SJ que celebramos este año 2017. La Compañía de Jesús evoca en ocasiones una imagen de elevación, prestigio e influencia social. El propio fundador de la orden, Ignacio de Loyola, ha sido tradicionalmente retratado en obras de arte irradiando poder y gloria. Pero lo cierto es que «el peregrino», como se hacía llamar Ignacio, se sentiría mucho más identificado con la cercanía de este sencillo portero del colegio Montesión de Palma de Mallorca ―de quien fue casi coetáneo― que con la sublimidad de los templos jesuitas del barroco. 

«Ya voy, Señor» decía Alonso Rodríguez cada vez que sonaba la campana de la portería. Y esa sencilla frase englobaba toda su persona y su santidad: humildad, servicio, apertura a Dios. Frente a la propensión en nuestra sociedad, incluso a veces en la Iglesia, a medir la grandeza según dones particulares o logros cuantificables ―aunque sean frutos apostólicos―, contemplar la vida de este auténtico místico de lo cotidiano nos invita a buscar, por encima de todo, el encuentro con Jesús en cada rostro que nos rodea.

San Alonso Rodríguez también nos enseña que la siguiente página de nuestras vidas no ha sido aún escrita y que el Señor puede llamarnos de maneras imprevistas. Cuando ya pocas sorpresas podía esperar en su vida, la muerte de su esposa e hijos le llevaron a ingresar en la Compañía de Jesús. No imaginaba que su servicio en una humilde portería y sus escritos espirituales, de lenguaje sencillo y belleza singular, dejarían una impronta imborrable en la Compañía universal.

A lo largo de este año lo recuerdan muy especialmente en su Segovia natal y en la isla de Mallorca, donde sirvió durante su vida de jesuita y donde se lo venera como patrono principal. La Compañía entera lo homenajea como uno de sus maestros espirituales y como patrono de los hermanos coadjutores. El aniversario es ocasión para rememorar aquello que nos configura como compañeros de Jesús, situando nuestro horizonte de santidad en el confiado seguimiento y en la profundidad de una vida espiritual que nos impele a afanarnos en el servicio a los demás.

 

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