Jesuitas España

El rostro del ecumenismo

Este año 2017 celebramos los 500 años desde que Martín Lutero clavara sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, dando inicio al cisma que posteriormente se conocería como «reforma protestante». Los mensajes y actos a los que asistimos con motivo del aniversario están siendo ocasión para renovar los anhelos de comunión entre las diferentes iglesias cristianas. Atrás quedan cinco siglos de distancia, incomprensión, rechazo y sangrientas guerras en las que las más graves ofensas a Dios se cometieron —como siguen cometiéndose hoy— en nombre Suyo.

En España, la diversidad de cultos cristianos poco a poco va siendo una realidad más presente. Algunos jesuitas llamados al campo de las migraciones tienen particulares oportunidades para la colaboración con comunidades cristianas significativas, entre diversos grupos de personas inmigradas, y con sus pastores: parroquias ortodoxas rumanas y rusas, comunidades de cristianos árabes y paquistaníes de múltiples ritos, comunidades pentecostales nigerianas y latinoamericanas... En ocasiones, se prestan espacios para sus celebraciones litúrgicas. A veces se nos invita a predicar, o a acompañar en la relación con las diócesis católicas. Nos encontramos en iniciativas de participación ciudadana, etc. En el ámbito de la educación, tenemos por delante nuevos retos, como es la atención a alumnos cristianos no católicos, o hijos de padres con diversidad de ritos, que empiezan a estar escolarizados en nuestros centros. 

Esto no significa que el ecumenismo sea entre nosotros una novedad absoluta. Hace ya décadas que algunos jesuitas participan, a veces de manera destacada, en delegaciones interconfesionales de diferentes diócesis y, en el terreno del pensamiento, el intercambio y debate teológicos se han venido produciendo con normalidad sin atender a la denominación de cada uno.

El espejo de la historia en el que todos hemos de mirarnos de frente refleja en el caso de los jesuitas un celo anti protestante que se prolongó hasta bien recientemente. En la España de finales de los años cuarenta encontramos a jesuitas instigando manifestaciones contra las comunidades protestantes. Incluso hoy, medio siglo después del Concilio Vaticano II, en ocasiones se trasluce un mal disimulado complejo de superioridad mediante comentarios, gestos o, sencillamente, mediante ignorancia y falta de interés por los «hermanos separados».

Pero hoy en nuestras parroquias, colegios, centros de inmigrantes y organizaciones sociales comienzan a tejerse complicidades que superan distinciones confesionales y responden al espíritu al que recientemente aludía el papa Francisco dirigiéndose a un grupo de peregrinos luteranos: «testimoniemos juntos la misericordia de Dios en el mundo de hoy que tanto lo necesita». Sin desdeñar las dificultades que ha de afrontar un diálogo ecuménico hondo o los retos que plantea la colaboración pastoral entre diferentes iglesias cristianas, estamos llamados a poner cada día rostro al ecumenismo en forma de misericordia y hospitalidad compartidas.

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