Jesuitas España

Acompañar, servir y defender a los refugiados

Publicat el Dimarts, 16 Juliol 2019

Durante las navidades de 1979, el P. General Pedro Arrupe, conmovido al conocer el sufrimiento de miles de «prófugos del mar» que escapaban de la guerra en la región de Indochina, inició un proceso de consulta a toda la Compañía preguntando qué podía hacerse para aliviar la situación. La respuesta abrumadora que recibió solo podía obedecer a la llamada del Espíritu. El 14 de noviembre de 1980, celebración de san José Pignatelli —jesuita «refugiado» durante la expulsión de España en el s. XVIII— Arrupe anunciaba la creación del Servicio Jesuita a los Refugiados (JRS).

Desde entonces la organización se ha expandido por todo el mundo, acudiendo allá donde los conflictos armados han generado desplazamientos. En la década de los 80, en el contexto de la guerra fría, las mayores crisis de refugiados llegaron de Asia, pero también comenzaron las intervenciones en América Central y en Sudán; en los 90, el JRS asistió a las víctimas de las guerras de la antigua Yugoslavia, comenzaron las labores en Etiopía y Sudán, y, tras la tragedia humanitaria de Ruanda en 1994, en toda la región de los Grandes Lagos; en 2002, se atendió a los refugiados que procedían de los conflictos de Liberia, Sierra Leona y Guinea. Para entonces, el JRS se había extendido a otros lugares en Asia, como Sri Lanka y la India, y ofrecía también apoyo y seguimiento a los refugiados colombianos en América Latina.

La presencia en Próximo y Medio Oriente ha sido posterior. Fue en 2008 cuando el P. General Adolfo Nicolás pidió que se atendiera a los refugiados iraquíes en Siria, Jordania y Turquía. Tras la «primavera árabe» y la guerra en Siria en la última década, el compromiso del JRS en la región se ha incrementado hasta representar un tercio de la actividad de toda la organización por volumen de fondos económicos dedicados y por el número de personas atendidas.

La misión del JRS se formula con tres verbos: acompañar, servir y defender. El JRS no entiende que su labor esté caracterizada únicamente por lo que hace, sino también por el estilo con el que lo hace, expresado por la idea de «acompañar». El verbo «servir» alude a todos los esfuerzos que canaliza el JRS para garantizar entre los refugiados condiciones de vida dignas, educación, atención psicosocial, pastoral o que se camine hacia la reconciliación tras los conflictos. Por último, la misión de «defensa» se refiere el trabajo de incidencia política y de orientación jurídica a través del cual el JRS aspira a que los refugiados puedan ver respetados todos sus derechos.

Hoy el JRS atiende a más de 677.800 personas en 56 países según el último Informe Anual 2018. Uno de cada 100 desplazados forzosos en el mundo recibe ayuda o apoyo directo del JRS. Ante tanta necesidad, esta institución comenzó hace algunos años un proceso de discernimiento estratégico que el padre General Arturo Sosa SJ ha respaldado ahora en una carta que anuncia cambios en su organización y estructura. El proceso viene impulsado también por la promulgación de las Preferencias Apostólicas Universales, entre las que figura el compromiso «en la atención a los migrantes, desplazados, refugiados, víctimas de las guerras y del tráfico de personas».

El JRS ha sido durante estas décadas lugar de encuentro de jesuitas, religiosas, y hombres y mujeres laicos que han contribuido al mantenimiento de su espíritu fundacional, de apertura y flexibilidad. Dentro de la Compañía ha sido fuente de consuelo espiritual para muchas personas que han colaborado directamente aliviando las penurias de los refugiados, y ha marcado la identidad global de la Compañía de Jesús en la actualidad. Así lo vislumbró Arrupe, que poco después de su fundación sufrió la trombosis cerebral que lo dejaría postrado. El JRS puede considerarse uno de sus grandes legados.

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